Y en esa historia de centralismo, los partidos políticos tuvieron un rol fundamental y lamentablemente negativo. La vieja práctica de nombrar candidatos entre cuatro paredes, la nula descentralización de ellos mismos y la nominación de figuras impuestas por Santiago a las antiguas provincias, terminaron por inclinar la balanza de la riqueza, la educación, la cultura y las oportunidades en favor de la capital de Chile. Consciente o inconscientemente, las autoridades políticas y administrativas del país terminaron por validar leyes, decretos e inversiones en diversas áreas, que se concentraron de manera muy preferente en la capital del país.
Por ello, esta elección parlamentaria debemos transformarla en una elección bisagra desde el punto de vista del centralismo. Debemos iniciar a contar de estas votaciones un proceso de descentralización que permita a las regiones del país un desarrollo equitativo, desde todo punta de vista, con la capital. Como nunca antes los liderazgos locales han podido aflorar y competir.
Le toca a la ciudadanía votar e iniciar este camino tan esperado por quienes hemos hecho nuestras vidas en las regiones.
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